viernes, 2 de mayo de 2008

Arañazos


Todos los años paso mi control médico como una simple rutina. No tengo ninguna enfermedad reconocida, no tengo ninguna fobia ni complejo reconocido, no tengo síntomas de padecer nada, en definitiva, parezco lo que se da en llamar "una persona sana".
Hace dos años, como de costumbre, pedí mi cita y me dispuse a pasar mi examen médico.
Ropa interior limpia, calcetines limpios, camisa limpia y traje impoluto con corbata a juego con el conjunto.
Todo esto no quiere decir que el resto del año sea un desastre y un descuidado, todo lo contrario, los libra tenemos fama de ser gente charmante en el vestir y encantadora en el trato, no se quien nos habrá colgado ese San Benito porque ahora nos obliga a cumplir, no con los dictados de la moda, sino con los dictados de nuestro signo zodiacal.
El control médico, como decía, a pesar de que el jefe del servicio, Dr Garcia, era compañero de tertulias cafeteras, lo decidí pasar con un colega suyo, holandés para más señas.
Todo comenzó como de costumbre, analisis diversos, pruebas de esfuerzo, electrocardiogramas, vista, etc....
Llegado un momento el Dr. comenzó con una serie de cuestiones rutinarias y stadard que se suponen ser para todo el mundo las mismas.
Todo marchaba a la perfeccion hasta que me hizo la siguiente pregunta:

Su mujer debe de ser muy fogosa ¿no?

No podía salir de mi asombro, ¿estaria esa pregunta en el cuestionario?, ¿Que importancia médica podria tener esa cuestión? Y si la preguntita no estaba en el cuestionario, ¿Que indujo al Dr. a preguntar tal cosa?.
Hacia siete meses que estaba separado y no tenia una pareja que me hubiese provocado esos síntomas, que hubieran sido la señal de una vida de relaccion afectuosa normal.
Asi que, recuperando el aire, y pensando que a una pregunta estúpida otra mas estúpida, le pregunte:

- ¿Y Vd. como lo sabe?

- El, sin inmutarse, me contestó: tiene unos cuantos arañazos en la espalda.

¡Joder que habil el pájaro! ¡Sherlock Holmes a su lado era un principiante!

Dejé el asunto en "stanby" y al día siguiente pedí al Dr. Garcia que revisara el famoso formulario standard, lo que me prometió despues de haberle contado la situación y haber echado unas cuantas risas a cuenta de la anecdota.

Máxima:

"Si tienes control médico, ademas de ponerte ropa de domingo, no te rasques la espalda"

martes, 1 de abril de 2008

Lucifer ataca


Descendía tranquilamente por aquella calle deforme empedrada hacia cinco siglos. Era en la ciudad de Trinidad, la tercera fundada en Cuba y actualmente “Patrimonio de la humanidad”.

Los españoles se llevaban el oro de América hacia España y en el viaje de vuelta, para mantener la estabilidad de las naves, volvían cargadas de piedras que eran utilizadas para empedrar las calles, ¡ increíble !.

Aquella tarde en lugar de comprar un recuerdo en los muchos mercadillos de artesanía, más de una vez, pensé simplemente en echarme una de aquellas piedras al bolsillo y si no lo hice fue porque el título de “Patrimonio de la humanidad” me hacía pensar en los trabajos que habían pasado los constructores de aquellas calles con cinco siglos a sus espaldas. Habría sido como robar un trozo de “La Gioconda”.

Caminando lento y ensimismado en mis pensamientos no puse demasiada atención a lo que sucedía a mí alrededor. Había niños jugando alegremente por todas partes, alguna que otra señora a la puerta de su casa simplemente husmeando a aquel grupo de turistas y de tanto en tanto al pasar por alguna puerta entreabierta salía un viejo, por lo general desdentado, que decía discretamente: “Lucifer”.

La primera vez que oí aquella increpación pensé que el autor estaba completamente loco, ‘pobre hombre’ dije para mí.

A la puerta siguiente, lo mismo, otro viejo diferente, la discreción en el habla y de nuevo: “Lucifer”.

O había demasiados locos en el barrio o comenzaba a no comprender nada.

Al tercer viejo, lo mismo. Esta vez pensé que podría estar en un barrio donde la “santería” típica del país debía de hacer furor. En Brasil en el año 1978 había asistido a una “Macumba” y en ese sentido ya nada me extrañaba, podría decirse que estaba "vacunado".

Cuando estaba en estos pensamientos por detrás de mi se acercó Marcus, uno de mis colegas en aquel viaje que, a pesar de ser belga, hablaba un casi perfecto español y que practicaba siempre que tenía oportunidad. Se acercó a mí, como digo, y me preguntó: “Qué quieren decir con “Lucifer”?

Ahora la intriga aumentó. Marcus, así como su mujer que también hablaba “españolo”, eran muy comunicativos y cada vez que tenían una duda me preguntaban, algo que me agradaba.

- ¿Qué quieren decir con “Lucifer”?

- Excelente pregunta y yo sin respuesta. ¡Me pillaron!

Lo único que pude decir fue que no lo sabía pero que se quedase a mi lado y veríamos, si el episodio se reproducía, si entre los dos éramos capaces de solucionar el enigma.

A partir de ese instante los sensores atentivos se multiplicaron por mil.

El cuarto viejo nos dijo lo mismo: “Lucifer”

El quinto repitió: “Lucifer”

Pero al sexto, el acento de su pronunciación fue un poco diferente y atrapé el asunto.

No se trataba de “Lucifer”, simplemente era una frase en inglés macarrónico:

-“LOOK IT SIR”

Dentro de cada casa había una pequeña tienda de artesanía y lo único que pretendían era sacar unos cuantos pesos convertibles extras.

He llegado a llorar de risa en solitario pensando en el asunto, los que me hayan visto habrán pensado que –yo si que estaba loco- .

martes, 11 de marzo de 2008

¡Ay mujeres!


Comienzan desde pequeñas, nada mas nacer. Son tan frágiles, tan pomposas, tan redondítas, tan …tan. En fin son así.
Cuando comienzan a crecer son "muy monas". Los chicos a pesar de que durante un tiempo parecen seguir el mismo camino que las bebés, son más brutotes, sin embargo ellas a pesar de sus torpezas al caminar parecería que flotan en el universo de su niñez.
Llega la edad de la niñez y se les ve frágiles, incluso débiles, a veces tristes, a veces desbordantes de alegría. Algunas por el contrario compiten con sus amigotes los chicos y a la hora de ser "brutas" son las número uno, no tienen medida y en cada acción demuestran que son únicas. A pesar de todo, esa "brutez" es elegante y refinada y llegado el momento se muestran frágiles y sensibles.
En su edad "teen" descubren su lado -camelador-. Comienzan a entrenarse con papá. Descubren que la seducción femenina es un arma que pueden emplear en cualquier momento con una eficacia sin límite. Los papás caen rendidos a sus pies para desconsuelo de las mamas que comienzan a ver a sus hijas como competidoras en el arte de la seducción. En el ámbito externo de la casa las únicas víctimas posibles son los profesores, los chicos de su edad aún no tienen madurez suficiente para comprender, ellos en lugar de cabeza tienen un balón de fútbol. Los profesores se ven acosados por unas "mocosas" que tienen un encanto particular, son niñas y sin embargo comienzan a utilizar las armas de mujer de una manera descarada, entre otras razones porque aún no conocen los límites hasta los que pueden llegar.
La veintena es la edad de oro. Son inteligentes, bellas, saben "latín" en comparación de los chicos de su edad que aún siguen con el balón en lugar de la cabeza, el curso de seducción lo han pasado "Cum laudem" después de haber puesto a sus pies a papá, los diferentes profesores, algún que otro compañero de aula, a los amigos de sus hermanos y si tuvieron la oportunidad a algún deconocído que se atrevió a cruzarse en su camino.
A partir de los veinticínco y toda la treintena es la edad de oro femenina. Esto no quiere decir que haya barreras bien definidas, Algunas comienzan antes y algunas no terminan nunca. Unas se estancan en los dieciséis y permanecen allí toda su vida sin evolución ninguna, otras envejecen a los quince y continúan en esa situación hasta el fin de sus días.
De los veinticinco al final de la treintena la mujer es piropeada continuamente, por su belleza, sabiduría, perspicacia, sensibilidad, espíritu de solidaridad, derroche de energías, capacidad de amar, disposición para las aventuras más locas…y un etc que no tendría fin.
En la cuarentena comienza la época de las autopreguntas. ¿Habré hecho bien esto, lo otro, lo de más allá? ¿El camino como mujer, que he recorrido hasta ahora, ha sido el correcto o podría haber desarrollado otras habilidades y capacidades? ¿Realmente soy lo que debo ser o me estoy engañando a mí misma desde hace años? ¿Mi marido/amante me ama realmente? ¿Mira más a las otras? ¿Estoy perdiendo mi capacidad de seducción?....¿No me he encerrado demasiado en mi jaula dorada y he dejado de ver lo que sucedía a mi alrededor con una mirada más crítica? Antes de que envejezca más ¿no debería experimentar otras posibilidades para poder comparar? ¿Me estaré perdiendo algo especial?
En la década de la cuarentena todos los experimentos posibles se acumulan, no están seguras de nada pero, al mismo tiempo, no quieren dejar nada de lado. Todo es interesante.
La cincuentena es un problema.
No se es jovencíta pero tampoco viejíta.
La cincuentena provoca una corriente de depresiones que no deberían existir.
Señoras mujeres, la cincuentena es la mejor época de sus vidas. Tienen poco que aprender. Si los han tenido, sus hijos son independientes, están comenzando su carrera vital, no la necesitan. Normalmente su vida necesita de pocas cosas. ¡Disfruten! Vds. son activas en todos los planos vitales. No se preocupen de nada. Al final de la cincuentena comenzarán a sentir la enfermedad más grave para una mujer "la transparencia".

La transparencia puede definirse como la capacidad que toda mujer mayorcíta tiene para pasar delante de un hombre y que éste no se digne volver la cabeza para observarla.

¿Quedó claro? ¿Quien da más? Esa es la verdadera enfermedad de las mujeres mayorcítas, no es ni la menopausia, ni el reúma, ni el abandono natural de los hijos, NO, es "la transparencia".

Cuando llega la sesentena las formas femeninas cambian y la edad comienza a apreciarse en lo que se llama "las patas de pollo". No es ninguna broma, los muslos que rodean la tibia y el peroné toman la forma de un muslo de pollo, gordíto por arriba y flaquíto por abajo. (En este momento estoy seguro que todas las lectoras de éste blog están verificando su edad biológica con referencia a la evolución de su "muslo de pollo") ¡No se preocupen!, es sólo una teoría, muy extendida eso sí, pero en todo caso una teoría.
En las décadas de los setenta y siguientes se está de vuelta de todo. Los valores que parecían indestructibles e in-negociables se ven con otra óptica más ¿realista? o simplemente ¿diferente?. No podría poner un apelativo a esa diferencia. Lo que antes era blanco o negro ahora tiene un cantidad de matices que resulta realmente difícil definir algo de una manera categórica y precisa.
Yo creo que es -la humanidad-. Ven todo de una manera más humana, no se espantan de nada y los únicos espantados suelen ser los hijos, nietos y demás allegados :
¡Caramba con la abuela! ¡Quien nos lo iba a decir!

Inseguridad, inocencia, picardía, exuberancia, amor, sensibilidad, madurez, curiosidad, "transparencia", humanidad, eso es una mujer.

lunes, 10 de marzo de 2008

Isla Cristina


El 20 de Diciembre de 1983 había sido una jornada muy larga.
Después de trabajar todo el día en Bilbao cogí mi coche y durante toda la noche viajé.
Cuando amaneció estaba en Isla Cristina, Huelva, aproximadamente 1000 Km.
Aquel viaje no era para ir a la playa, debíamos terminar un trabajo antes de Navidad y para eso estaba allí.
Mc Gregor hacía tiempo que se desvivía para poder terminar y sin pensarlo dos veces el día 21 comenzamos a toda máquina. Cuando la noche llegó aun seguíamos en la brecha.
Unos cuantos técnicos de TVE controlaban las emisoras.
De repente comenzaron a gritar: ¡ Goool !, ¡ Goool ! una y otra vez.
Al principio pensamos que podía ser real pero al cabo de cierto tiempo la cantidad de goles gritados era tal que más parecía una chirigota que algo real.
Nosotros seguimos con nuestro trabajo.
Cuando aquella escandalera terminó y nos relataron lo acontecido no lo podíamos creer: España había ganado 12 a 1 a Malta y como necesitaba once goles de diferencia para jugar la Eurocopa de 1984, resultó clasificada dejando eliminada a una potencia futbolística como Holanda ¡ Increíble !.
Después de NO haber visto el partido pero SI haber compartido la euforia nos fuimos a cenar.
En Isla Cristina por aquella época había unas sepias magníficas.
En los días anteriores a Navidad no había ni un sólo turista y eso hacía que la tranquilidad reinara en el ambiente general del pueblo. Solíamos cenar en un bar de pescadores locales que disponían de unas sepias como nunca después volví a comer en ninguna parte. Todas las noches sepia a la parrilla con un poco de aceite y ajo, ¡ Magnífico ! .
El 22 de Diciembre, durante toda la mañana, escuchamos de fondo el canto de los niños de San Ildefonso con su adormecedora melodía de números. Tampoco nos tocó la lotería.
La tarde del 22 escuchamos una rara historia de secuestro y posterior asesinato de la hija del propietario del Hotel donde nos hospedábamos. Era una historia bastante extraña y como tal no quisimos hacer ninguna pregunta que pudiera inducirnos a una congoja mayor.

Las calles solitarias, las noches negras sin luna, el trabajo intenso y agotador, sin horarios, nos tenían un poco descentrados.

La noche del 22 habíamos cenado y como a veces la cocina con ajos de por medio resulta un poco pesada, salimos a dar un paseo antes de ir a descansar. Estos paseos nocturnos suelen ser silenciosos y reflexivos.
Todo marchaba muy bien, incluso se oía alguna alimaña nocturna sin que por ello nos produjera desasosiego de ningún tipo, ellas a lo suyo y nosotros a lo nuestro.
Caminábamos silenciosamente cuando de repente un automóvil encendió su motor delante nuestro. No pusimos demasiada atención. El automóvil comenzó a caminar en nuestra dirección con las luces apagadas, un despiste, pensamos. El automóvil continuó su camino y cuando estuvo más cerca descubrimos con asombro que no había conductor al volante. Nos apartamos y nos pasó al lado para ir a estrellarse contra una esquina. A continuación se produjo un incendio.
No comprendíamos nada pero no debíamos de haber sido los únicos en verlo.
La Guardia Civil apareció pocos minutos después del incidente y desconectaron la batería. ¿Un cortocircuito? ¿Un fantasma que nos perseguía? ¿Una mala digestión? ¿Un atentado? ¿Ninguna de estas cosas? Fuera lo que fuera el susto no nos lo quitó nadie y sin embargo, nadie se sorprendió.
El día 23 terminamos nuestro trabajo y volvimos a "comernos las uvas" con nuestras familias.

Nunca después volví a Isla Cristina, sus fantasmas, asesinatos, sus sepias, sus trabajos quedaron allí para siempre y hasta hoy no los recordé.

martes, 4 de marzo de 2008

Espacio neutro

No conozco dos personas que se encuentren realmente de acuerdo en todo lo que se plantee, seria demasiado aburrido, sin embargo tengo el firme convencimiento de que con un poquito de buena voluntad todos llegaríamos a encontrar un punto de encuentro común que nos hiciera ver las cosas con menos criticismo oponente y con mas voluntad de solucionar los pequeños problemas de cada día. He dicho los pequeños problemas de cada día por que en realidad los grandes problemas no existen, éstos son una acumulación de pequeños problemas, nada más.
Todos los cuerpos están compuestos de átomos y en cada átomo existen tres partículas básicas, dos de ellas extremas: electrón con carga negativa y protón con carga positiva, y un punto de encuentro llamado neutrón, con carga neutra. Los imanes tienen el polo positivo en contraposición con el polo negativo y en su centro una zona de encuentro de los dos, neutra.
El carácter de los seres humanos no es diferente. Dos personas exactamente iguales no pueden subsistir juntas durante mucho tiempo, imagínense la escena: cuando una persona va a decir algo, la otra persona ya lo ha adivinado ¿no resulta demasiado predecible y desbastador? Creo que sí.
Hay gente que pasan la vida huyendo de algo, buscando algo, siempre en disconformidad con el entorno, sin darse cuenta qué es lo que buscan, cuando en realidad lo único que buscan es huir de si mismos. Puede ser que ese "sí mismos" solo sea una hipótesis existente únicamente en su mente, un sueño, un dislate, una idea preconcebida sin ningún viso de realidad, una locura.
Pasamos la vida buscando la mayor de las utopías, la felicidad. La utopía que no existe nada mas que en nuestra mente. Alguien nos la ha transmitido. La vida sin esa utopía sería una condena.
Todo el mundo encuentra la felicidad en algunos momentos de su vida, solo algunos momentos.
Para unos puede ser el poder seguir viviendo cada día que pasa. Para otros cualquier frivolidad insignificante. Para unos será el comer, para otros el comprar una lujosa mansión. Todos apreciarán su momento de felicidad de la misma manera aunque los extremos estén excesivamente alejados.
¿Cual es el punto medio en estos casos? Esa es la pregunta del millón. En estos casos no hay un punto medio fijo, las leyes de la física no cuentan.
En la química de los sentimientos intrapersonales no hay barreras, ni extremas ni centrales, no hay algo que esté bien o algo que esté mal, todas las posiciones son válidas y al mismo tiempo inválidas, los términos medios resultan imposibles de determinar.
Existe el arriba y el abajo, la derecha y la izquierda, el bueno y el malo, el guapo y el feo, el gordo y el flaco …pero no existe el que tiene la razón absoluta y el que no la tiene en absoluto, esos parámetros son etéreos, inexistentes de por sí.
No vale huir, siempre nos encontraremos a nosotros mismos, ya sea en el camino de ida o en el camino de vuelta.

martes, 26 de febrero de 2008

¡Aquellos felices años!


Cuando veo alguno de los filmes que recuerdan mi niñez no puedo evitar el reír continuamente.
No es que me hagan gracia las travesuras que se cuentan o descuentan, simplemente, a pesar de haber sido un niño estándar de aquella época, me veo reflejado en las imágenes y en los pensamientos.
Aquella nuestra inocencia pueblerina que nos hacia tener grandes ideales de futuro mientras nuestros padres, simplemente, trataban de subsistir.
Aquella visión impuesta desde "las más altas instancias del poder" que nos hacía pensar que lo de fuera siempre era mucho mejor que lo nuestro mientras nosotros eramos "la reserva moral de occidente". El inventor de éstos majestuosos términos era un genio merecedor del premio Nobel porque… con la que estaba cayendo, hay que tener una imaginación bien regada para llegar a éstas conclusiones. Otra de las posibilidades podría ser que el susodicho estuviera bien regado cuando la musa llamó a su puerta pero…lo que resulta más esclarecedor es que todos los seguidores, chupamedias y acólitos no sintieran ningún sonrojo para repetir la frasecita. ¿Qué sucedía realmente en esa nuestra sociedad infantil?.
En la escuela, antes eran escuelas lo que ahora llamamos colegios, debíamos tener una facha increíblemente patética para que una vez por año nos dieran unas carpetas de puro cartón de color rojo con gomas, un lapicero y 500 hojas de papel tamaño A4. Era el Ministerio de Educación quien generosamente nos compensaba.
Otra de las indicaciones de nuestra pobreza era que munídos de un vaso de plástico, cada día, hacíamos una larga fila para recibir un vaso de leche en polvo. Era solamente la leche ofrecida por los norteamericanos en su acuerdo de bases militares por ayuda económica porque lo que era azúcar u otros aditivos había que llevarlo de casa, si se tenía.
A partir de los diez años mi padre me envió a un colegio. La diferencia era poca, el colegio estaba en la capital de provincia y la escuela en el pueblo, era todo, porque allí nos encontramos todos los pueblerinos con unos padres con una visión más amplia de la vida que los padres de los que se habían quedado en el pueblo. Durante las vacaciones, todos, volvíamos a ser los pueblerinos de siempre.
Cuando llegó nuestra hora de gloria, edad adulta con menos penuria, a veces contaba la historia de las cenas en el colegio para regocijo de los escuchadores, a saber lo que habían vivido ellos. Durante muchos años cené solamente dos galletas "María" mojadas en agua. Lo de mojarlas en agua era para que al hincharse el estómago creyese que había cenado opíparamente, digo yo. Realmente este tipo de cenas no nos sorprendía a ninguno de los pueriles alumnos, ¿sería que nadie cenaba en su casa antes de venir al colegio? En mi casa cenábamos muy bien, mi madre cocinaba de maravilla, sin embargo en ningún momento protesté, ¿para qué? Lo pasábamos estupendamente toda aquella pandilla de niños juntos, eso sí, todos varones.

Francisca no me puede leer, murió hace tiempo, pero te quería pedir disculpas por el gran batacazo que te arree con la cruz metálica de la iglesia. Debía de ser por las cenas del colegio o simplemente por que no era tan fuerte como los demás chicos de mi "panda", el caso es que aquella cruz pesaba como un demonio y en un momento de debilidad fue a aterrizar sobre tu cabeza.

Ciertamente nuestra juventud fue diferente a la de otros niños de países llamados civilizados pero también es cierto que ese estilo de vida nos hizo más fuertes en otros sentidos y después de ver, años más tarde, lo que había en Europa, no tengo envidia de nada, me siento una persona realizada.

lunes, 25 de febrero de 2008

"Agarrarse a un clavo ardiendo"


Solamente tenia veinticinco años y aunque mi experiencia vital no era nada desdeñable creo que aun estaba "mas verde que un geranio", como diría un castizo madrileño.

Aquella tarde, como otras muchas, mi maltrecha economía me había recomendado quedarme tranquilamente en casa. Tenia una buena colección de libros, mis relajantes peces, y, para ser sinceros, no muchas ganas de salir.

Un buen wisky, unas cómodas zapatillas y a leer. Sin embargo mi gozo duró poco.
No habían pasado ni diez minutos desde que me instalara cómodamente cuando el teléfono sonó.
Al otro lado de la linea había una mujer joven que pedía auxilio.
No, no gritaba ni nada de eso, eso sólo ocurre en las películas americanas, simplemente era una persona que necesitaba hablar.
Nunca me había sucedido nada parecido y hasta ahora a mis cincuenta y tantos, nunca me ha vuelto a suceder.
La joven que se encontraba al otro lado simplemente necesitaba un chaleco salvavidas para no suicidarse, no quería hacerlo, sin embargo debían de existir circunstancias que le impulsaban a ello.
Hablaba, hablaba y yo solo escuchaba. Verdaderamente tampoco hubiera sabido decir nada.
Todo era demasiado complejo.
Falta de dinero, un amor despechado, un hijo no deseado, falta de una casa donde acogerse, unos padres que por su pobreza no entendían nada y además no disponían de recursos para ayudar a su hija, o al menos eso deduje. Un verdadero rompecabezas.
Yo sólo tenía veinticinco años. Es cierto que no habían sido fáciles , internado con disciplina eclesiástica seguida de tres años de subsistencia en la armada con disciplina militar. Estudios entrecortados aquí y allá, trabajo mucho trabajo. Viajes, muchos viajes. Allí donde hubiera dinero, allí estaba, en mi casa era lo único que no teníamos y al menos, con estos viajes, habría una boca menos que alimentar. Me "apuntaba a un bombardeo" si hubiera sido necesario.
Mi interlocutora seguía hablando pero en ningún momento sus problemas fueron menores que los mios, ella necesitaba hacer ésta confesión a un anónimo, a alguien que no le pudiera echar en cara su conducta, su falta de pudor, su pobreza, su desgracia, en definitiva.
El monólogo duró más de una hora. En aquel país las llamadas telefónicas se pagaban por conexión y no por tiempo hablado. ¡ Puf !.
Cuando paró de hablar, yo no sabía que decir. ¿Cómo podía haber personas tan desgraciadas?
Me tocaba hablar a mí.
¿Tenía que tranquilizar, dar ánimos, preguntar, reprimir, aconsejar, utilizar un tono solemne, un tono convivial, joven, adulto, de esperanza, de comprensión, de dulzura, de indiferencia …?. Nunca me había visto en semejante encrucijada a pesar de haber vivido ciertas situaciones esperpénticas.
Comencé a hablar de lo bonita que era la vida, de que no todo estaba perdido, de que el amor (algo que yo desconocía) era lo mejor que podía sucederle a un ser humano y que, sin ningún tipo de duda, ella se volvería a enamorar y en poco tiempo se habría olvidado de los momentos en que actualmente estaba sumergida.
Hablé de historia, filosofía, ciencia, inventé autores literarios, recité poesía inexistente, entoné alguna que otra balada con mi guitarra haciendo malabarismos circenses para mientras tanto sujetar el teléfono.
No se cuanto tiempo pasé intentando convencer a aquella persona sobre lo bello que era vivir.
El teléfono dio tono de estar colgado. No volví a saber más de aquella persona.
Las semanas siguientes recé, aun era creyente, por aquella mujer joven.
No volví a pensar en ella, no me volví a preocupar, no sé que le sucedió.
¿Hice lo correcto? Creo que sí o al menos no supe hacer nada mejor.